Esta mañana me he levantado un poco filosófico y he lanzado una pregunta en un grupo de telegram de aficionados: ¿debería incluir en este proyecto esos libros de puzles y pasatiempos que también se presentan como librojuegos?
Parecía una duda sencilla de resolver, pues al final hemos acabado hablando de heavy metal, cómics con tapa dura, etiquetas comerciales para vender más… Yo solo quería ordenar la biblioteca de mi proyecto y casi acabamos fundando la Real Academia del Librojuego.
La cuestión es que en este proyecto, la biblioteca personal, puedes añadir títulos, indicar cuáles quieres jugar, cuáles estás jugando y cuáles has jugado, además de puntuarlos.
Pero cuando empiezas a meter libros, necesitas ordenarlos. Y ahí apareció la duda: ¿tiene sentido reunir aventuras narrativas, juegos tácticos y recopilaciones de pasatiempos en el mismo catálogo?
Para eso quiero las etiquetas, para que puedas hacerte una idea de lo que vas a encontrar.
¿Y qué pasa con los juegolibros?
Que me cueste llamar librojuego a un cuaderno de pasatiempos no significa que solo quiera incluir aventuras como las que jugaba en los ochenta.
Me interesan las nuevas formas de jugar. Ejemplo para ello tenemos En las cenizas, Astromerc y los títulos de Draco Ideas. Es como una evolución desde los librojuegos de los 80 hasta la época actual donde se podrían denominar librojuegos modernos.
Mejor explicado está en este vídeo de Juan Pablo que usa los términos de primera, segunda y tercera generación.
Entonces, ¿qué se queda fuera?
De momento, los libros de pasatiempos y las recopilaciones de puzles.
Para mi proyecto veo una diferencia entre una aventura o un sistema de juego desarrollado en formato libro y una sucesión de ejercicios que vas resolviendo, tal cual se tratase de un libro de actividades para niños para el verano.
Eso no significa que cualquier obra con enigmas quede fuera. Una investigación puede utilizar puzles para hacer avanzar la historia. Habrá que mirar cómo funciona cada título, sin clasificarlo únicamente por lo que pone en la portada.
Al terminar el debate dije que un libro de pasatiempos no es un libro aunque lo parezca. Ahí me vine un poco arriba, claro que es un libro como formato. Lo que quería decir es que por tener páginas y actividades no basta para que yo lo considere un librojuego.
¿Tú dónde pondrías la frontera? Eso sí, con el café preparado, que ya hemos visto que esto va para largo. 😉

